domingo, 6 de noviembre de 2011

Una experiencia religiosa.

El viernes y sábado pasado fue la conferencia de American's For Prosperity (AFP), un grupo afiliado al "Tea-Party" titulada, "Defending the American Dream Summit" (Defendiendo el sueño americano), lo siguiente es mi recolección de una aventura, que en más de una manera, fue toda una experiencia religiosa. 


Lo primero que notas al entrar al lujoso centro de convenciones, "ocupado", en esta ocasión por un grupo de ultra derecha norteamericano, son dos cosas, 1) la seguridad y 2) la desviación en edades de los asistentes. Yo y mi amigo, de unos veintitantos años, parecíamos la excepción. Había gente muy grande, seniors, rascando los sesenta o setenta años y niños de 13 o 14 años. Sí, niños. A primera instancia, por la cara de aburrimiento en los niños y la actitud solemne de sus guardianes, recordé estar en misa.

En muchas maneras todo el movimiento de ultra-derecha se asemeja a una religión.

Tomemos por ejemplo, la gran variedad de "chucherías" en venta, desde un libro titulado "Por qué deberíamos re-elegir a Obama", cuyo interior estaba en blanco (para ser usado como libreta), hasta las famosas bumper-stickers que se enorgullecen de estar en un carro cuyo dueño es un "verdadero americano", todas mantienen un tema fundamental: están moldeadas alrededor de conceptos y personas que los asistentes conocen. Hay una simbología clara y precisa, la bandera es su cruz, lo ajeno es infiel y todos los libros y objetos confirman lo anterior, ingeniosamente, por cierto, hechos para vender. Hay libros de profetas (por llamarlos algo), que enumeran las razones por las cuales; Obama es malévolo (como "los orígenes de la irá de Obama", que describiré luego), Estados Unidos es un país excepcional y los medios de comunicación están todos, en una gran conspiración, en contra de ellos (¡obviamente!).

El movimiento, como cualquier religión, tiene a su mártir e ídolo. Para el catolicismo es Jesús, para ellos, Reagan. De hecho, la cena que prepararon el viernes era "en memoria de Ronald Reagan". Durante la participación de todos los que escuche hablar ninguno pasó por alto la oportunidad de hablar sobre Reagan. Imaginen un padre sin hablar sobre Jesús, imposible. Conté a más de diez personas con camisas de Reagan y uno de los libros estelares en venta era una biografía sobre aquel hombre. Además, hubo un video conmemorativo durante la cena, enlistando los logros de Reagan y ovación tras ovación. Hasta la señora sentada a unos metros de mí no pudo contenerse y lloró al ver tan emotivas imágenes. La imagen de una persona tan moralmente correcta, durante un tiempo tan próspero para E.U, resuena ampliamente en la mente de seniors que francamente no están acostumbrados ni cómodos con el ritmo de vida actual. En los ojos de estas personas, Reagan fue un profeta y los liberales (malditos liberales), mataron sus ideales. Reagan además tuvo un atentado en su contra, pero como el gran hombre que era, pudo sobrevivir, alimentando más su imagen de superhéroe.

No sé si Reagan fue buen presidente, eso es tarea para los historiadores, pero tanta emoción con un personaje es interesante. Se alimenta de un sentimiento generalizado de depresión y enojo entre los asistentes. No sólo es la economía, muchos nos contaron (o escuché decir) que les entristece ya no ser el país ganador; una potencia mundial sin rival. Al escuchar sus temores, no pude evitar preocuparme, no por la pérdida de la hegemonía estadounidense, (eso ya pasó hace mucho), sino por la crisis existencial que les espera a muchos estadounidenses. La realidad de las cosas es que en un futuro cercano el mundo será de los países emergentes por simples coincidencias demográficas.

Pero una religión no necesita sólo de un ídolo, una religión necesita de santos y figuras más pequeñas en la historia para confirmar la validez del mensaje. La grandísima oferta de comentaristas (pundits, en inglés) resulta especialmente importante para llenar dicho espacio. De hecho, durante los eventos, caminando por el centro de convenciones, pude atestar a que la mayoría de estas personas venían por ellos y nada más. Una especie de efecto celebridad y mecanismo de refuerzo. Los rabinos de este movimiento son "rock-stars" de la radio y la televisión.


Digno para un rock-star, el auditorio presumía canciones de rock y luces roboticas entre presentaciones.

En el otro ámbito, contrario a la benevolencia hacia Reagan y los profetas, el diablo en esta historia es el Presidente Obama. Cuando algún comentarista critica a Obama, no es mala conducta, sino apropiado, aplaudir y levantarse.   De hecho, uno de los puntos estelares del evento creo que se lo llevo Dinesh D'souza, el escritor Indio responsable de "Los Orígenes de la Ira de Obama". El carismático personaje aporta algo invaluable al movimiento: legitimidad externa.

Lo primero que hizo Dinesh fue confirmar que ama a este país más que donde nació porque es libre y móvil (y demás adjetivos), dando a los asistentes gran aliento. Ahora no sólo ellos lo dicen, ¡También los extranjeros! Pero Dinesh continuó con un análisis sobre ese personaje satánico llamado Hussein Obama (es enfático en el Hussein). Según el escritor, los sueños del padre de Obama, que incluían pelear contra el imperio Ingles en Kenia, re-distribuir los ingresos, y "domar al elefante" que son las empresas y la hegemonía mundial de E.U, son también los de Obama. Cito el auge de China e incluso México como la razón por la cual el presidente odia a E.U. Al parecer el hecho de que China tiene más de 20 años creciendo a ritmos acelerados no importa. Pero lo interesante de toda la satanización de Obama es que es criticado siempre por su estado moral, no intelectual. La noción es que Obama no quiere ayudar a E.U, a diferencia de que simplemente no sepa cómo, lo cual considero es una desviación peligrosa. Si el problema no es político, sino en esencia moral, ¿Cómo podrían estas personas negociar con el diablo? Una cosa es totalmente cierta, todos los asistentes comparten un odio profundo hacia Obama.

Nuestra pequeña religión también cuenta con ciertos rituales, como cantar el himno nacional y el pequeño poema "allegiance to the flag", que todos entonan antes de eventos. Además, hay alianzas poderosas y ya antiguas entre los asistentes. Mi amigo, que ha estado involucrado tres años en el movimiento, no dejaba de saludar a gente. Todo el ambiente es familiar. De hecho, acaparé varias miradas al mencionar que era de México. El joven (porque los organizadores si son jóvenes) que me registró al inicio, al ver mi pasaporte, contemplo por unos segundos si esto era broma o si me podía dejar pasar. No tuve problemas, por que Adam inmediatamente recurrió al sentido común y me entregó mi gafete.

Pero un cierto grado de desconfianza es una propiedad de una religión joven. Si hubiera vivido pocos años después de la muerte de Jesús, no creo que hubiera experimentado algo muy diferente. Debido a que el movimiento sigue siendo familiar y relativamente pequeño, los ataques externos los ha unido todavía más. Durante la cena, un joven comenzó a gritar insultos en contra de los asistentes. El "espía" fue escoltado hacia afuera por policías. Pocos minutos después, durante la misma cena, se le hizo saber a los asistentes que había más de 600 personas protestando afuera del centro de convenciones. No sólo nos hicieron saber, sino que pusieron un video en tiempo real para que pudiéramos ver lo que sucedía afuera:

Los asistentes parecían contentos. De inmediato la vice-presidenta del movimiento tomó el podio y mencionó que como buenos americanos, era el deber de ellos educar a personas como ésas sobre historia y "libertad económica". Los asistentes aplauden eufóricamente. A mí me recuerda a los Jesuitas, quienes tenían la noble tarea de "educar" a los indígenas de África y América sobre el camino correcto hacia la salvación.

Toda esta experiencia religiosa me deja una preocupación: la política, especialmente en una democracia, siempre ha funcionado a base de encontrar un consenso entre diferentes partidos, pero si una de las fuerzas políticas se vuelve tan difícil de persuadir como una religión, ¿Podrán algún día llegar a algún consenso? Imaginen a un Cristiano y un Musulmán tratando de llegar a un consenso sobre Dios. Nadie puede ser un medio-cristiano, por eso existen las conversiones. Las religiones funcionan en el espacio de los absolutos, los partidos políticos no deberían. Cuando decidimos cruzar ese umbral y organizamos un partido político como una religión, existe la posibilidad de que los fieles se encierren cada vez más y estén dispuestos a cambiar sus posiciones cada vez menos.

En otra conferencia que fui hace mucho, el Ministro de Economía y Finanzas de Uruguay argumentó que si el tea-party estuviera en algún país de América Latina, los inversionistas ya hubieran escapado hace mucho. El Ministro, claro, se refería a la desesperación que muchos países emergentes comparten sobre la doble moral que se aplica en las calificadores. Pero considero que se equivoca, porque el latino (o al menos el mexicano) jamás podría, quizás por las circunstancias en las que hemos convivido con nuestros semejantes, idolatrar a un humano con tan ferviente devoción. La virgen de Guadalupe y los santos, personajes con poderes sobrehumanos, son más venerados que Jesucristo en muchas partes de México. Los mexicanos aceptamos al mundo en tonos, no el blancos y negros. No hay una persona humana, común y corriente, totalmente buena, como Reagan, ni otra mala, como Obama. Sino hay espectros de comportamientos. Personas buenas que "hacen lo necesario" para sobrevivir. Para nosotros, el mundo no es un lugar para cambiar, sino donde nos toco adaptarnos. La voz al interior del personaje de Artemio, en un libro de Carlos Fuentes resume esta diferencia claramente:
‎"Desde entonces has vivido con la nostalgia del error geográfico que no te permitió ser en todo parte de ellos: admiras su eficacia, sus comodidades, su higiene, su poder, su voluntad y miras a tu alrededor y te parecen intolerables la incompetencia, la miseria, la suciedad, la abulia, la desnudez de este pobre país que nada tiene; y más te duele saber que por más que lo intentes, no puedes ser como ellos, puedes ser una calca, una aproximación, porque después de todo, di: ¿tu visión de las cosas, en tus peores o en tus mejores momentos, ha sido tan simplista como la de ellos? Nunca. Nunca has podido pensar en blanco y negro... Cuando has sido cruel, ¿no estaba teñida de cierta ternura?"
Y este pensamiento de "tonos" se ha traducido a la política. No digo que sea algo bueno, pues acabamos tolerando a la corrupción, como es el caso de Larrazabal y el PAN o Moreira y el PRI. Sin embargo, al menos podemos decir que un "partido del té", no es compatible con nosotros los acomplejados del sur. Aparte, los mexicanos somos amantes del café.
_________________
Opinion.

3 comentarios:

José Luis Tamez dijo...

Excelente artículo Flores, me parecío muy ingenioso como comparaste a la extrema derecha con una religión. Sin embargo creo que en México este fenómeno podría suceder fácilmente. Los extremos se dan -a mi parecer- en el marco de una crísis (económica, social, de seguridad, de identidad, política o todas las anteriores). Como en Alemania sucedió con Hitler, quizá no al grado que se venera a la Virgen de Guadalupe pero si de una manera muy peligrosa. Felicidades otra vez, gran artículo, muy ameno.

Eduardo Flores dijo...

Gracias José Luis, y espero que te equivoques, ya con un tea-party tenemos!

Rodrigo Sánchez dijo...

Felicidades, un artículo muy entretenido

Publicar un comentario