jueves, 3 de abril de 2014

¿Los límites a la propiedad privada?

Hoy recibí un correo algo peculiar: IRIN está en proceso de "evaluar un plan de negocios" con el fin de poder mantenerse a flote durante el 2015. Para quienes no saben, IRIN (Integrated Regional Information Networks) es una agencia de noticias especializada en crisis humanitarias, creada a partir de la falta de información que se observo a nivel mundial en la víspera del genocidio de Ruanda. Es en realidad un "proyecto" de OCHA (la agencia de la ONU encargada de coordinar las misiones humanitarias) y por lo tanto recibe sus ingresos de esta organización y sus principales donadores (DFID, Gobiernos, etc).

Sin embargo, las finanzas están apretadas en la ONU y han decidido no autorizar presupuesto más allá de este año, de acuerdo con el comunicado oficial.

Ante la situación, la agencia asegura que están estudiando "planes de negocio", aunque eso signifique básicamente pedir sin parar a almas caritativas como yo. Es decir, en el mercado no parece haber demanda por estas noticias a pesar de que parecen ser increíblemente útiles para quienes defienden la idea de tener una agencia fuera del "mainstream" (IRIN inclusive ha ganado premios internacionales por cubrir la epidemia del SIDA extensamente).

Si es "útil" (basándonos en lo que dicen los expertos) pero nadie quiere pagar por ello, ¿Se trata entonces de un bien público (y por lo tanto debe subsidiarse por medio del tesoro público)? ¿Es la mala cara del capitalismo privar a la humanidad de noticias con sustancia?

En realidad el problema no está en la propiedad privada o el capitalismo, sino justamente en el ambiente que los subsidios han creado alrededor de los "mercados" de caridad.

Claramente IRIN provee un servicio útil para alguien: las propias organizaciones de caridad. Al informar a la ciudadanía, los medios crean demanda por los servicios de una organización de caridad. Nadie donaría a solucionar un problema del que nunca han escuchado, pero cuando un desastre natural (aunque sea relativamente pequeño) es transmitido fuertemente por los medios, las donaciones fluyen.

Bajo esta manera de verlo, tiene excelente sentido que las ONG's demanden una agencia especializada en noticias humanitarias, y con el ello estaría IRIN en un nicho de mercado bastante cómodo.

La tragedia está en que jamás se les ha permitido a las ONG's siquiera asemejarse a empresas privadas. Se les recorta a niveles mínimos inversiones que otras organizaciones harían sin pensarlo, por ejemplo en comunicar su valor o en diferenciar su producto. Los generosos subsidios de gobiernos y organizaciones mundiales tampoco ayudan, por que han creado entes que solamente saben pedir pero no competir por un pedazo de su mercado (aun y cuando estemos hablando de donaciones).

En realidad espero que IRIN encuentre una manera de comercializar su aportación a la humanidad, pero no me sentiría extrañado ni triste si las circunstancias no se lo permitieran.

La culpa no es del capitalismo o la propiedad privada, sino de un sistema que se empeña en ver con ojos moralistas a las empresas. La realidad de la situación es que los subsidios públicos, en presunto favor de la caridad, a la larga nos han hecho más difícil lograr las metas sociales que muchos compartimos.
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Opinión. 

sábado, 15 de febrero de 2014

Temor a las Cuentas

Esta columna se publicó el viernes 14 de febrero en Reporte Índigo. _________________

Prácticamente toda actividad productiva en el mundo se rige hoy por métricas, indicadores, estados de resultados. No es difícil encontrar en pláticas casuales con cualquier directivo o gerente la queja que “se la pasan viendo números”.

Aquello no es casualidad: mediante la adaptabilidad que impone el mercado, las empresas se han dado cuenta que llevar las cuentas vale mucho la pena, porque los ayuda a tomar decisiones, invertir de manera óptima y hasta esquivar problemas catastróficos.

Lástima, para quienes pagamos impuestos, que en el mundo surrealista de la administración pública suceda lo contrario.

Tal vez por ignorancia (esta administración federal brilla por la ausencia de gente con experiencia en el sector privado) o mera conveniencia política, han sido muchas las ocasiones en la que se prefiere la opacidad a la honestidad de los datos (basta con recordar la, increíblemente difícil de explicar, “Cruzada Contra el Hambre”).

Pero la más reciente es sin duda una de las más preocupantes: suspender la Prueba Enlace durante el 2014, por el típico tecnicismo legal mexicano.

Con la promesa de que el INEE diseñará un súper modelo de medición, quienes gobiernan (sea cual fuese su secretaría) están dejando a México con menos herramientas para mejorar la educación.

Ahora, ¿en base a qué vamos a destinar los recursos para escuelas que antes se transferían en base a los resultados de Enlace? ¿Favores o preferencias políticas?

Si bien no era perfecta, la continuidad que ofrecía la prueba Enlace al menos ayudaba a discernir en qué lugares se está traduciendo la inversión en aprendizaje, y después aprender de sus técnicas.

Es claro que desde el punto de vista de nuestro secretario de Educación, un abogado que ha estado en la administración pública toda su vida, no se trata de un tema prioritario.

No obstante, quienes viven y trabajan con datos comprenden que no hay nada más valioso que la continuidad. Más aún, ocho años, lo que se ha aplicado la prueba Enlace en el país, apenas es un ligero vislumbrar en cuanto a evaluar políticas públicas se refiere.

De hecho, si la manera para medir a alumnos diseñada por el INEE resulta ser muy diferente a la prueba Enlace, todo el esfuerzo hasta hoy habrá sido prácticamente en vano.

Es sencillo: no existe razón suficientemente buena para no aplicar la antigua metodología de evaluación mientras llega la nueva.

Es buena señal que algunas organizaciones civiles están levantando la voz, pero más que quejarnos, la realidad es que mientras no les cueste sus trabajos (como sucede en cualquier empresa), los gobernantes de este país continuarán siendo un triste ejemplo de analfabetismo estadístico.

martes, 11 de febrero de 2014

Crisis Autoimpuesta

El INEGI dio a conocer hoy el indicador de la actividad industrial en México durante Diciembre del año pasado. Salvo el sector construcción, el dato no fue generalmente muy alentador, considerando lo que estimaciones de analistas habían previsto. En el flash semanal de estudios económicos de Bancomer (emitido antes de que se diera a conocer la actividad industrial) se resalta lo que podría ser un “buen” dato (considerando el pésimo año que hemos tenido):

“Esperamos que el indicador de la actividad industrial de México reporte un crecimiento mensual de 0.7%, lo que representaría un crecimiento anual de 1.04%, (Ajustado a Estacionalidad)”

Principalmente, por la siguiente razón:“Debido al crecimiento mensual de la producción industrial de los EE.UU. en diciembre (0.5% m/m)"

No obstante, la verdadera tasa de crecimiento y-o-y ajustada por estacionalidad acabó siendo -0.4%, un giro de 180 grados contra lo pronosticado. ¿Será que simplemente ya no estamos tan unidos al ciclo productivo de nuestro vecino del norte?

Si tomamos la correlación de los últimos 12 meses y graficamos el dato de los últimos 4 años (cada punto es la correlación entre la tasa de crecimiento de la actividad industrial de ambos países en los 12 meses previos), obtenemos un resultado bastante intuitivo:


¿Quién fue el de la mayoría de las tasas negativas? México:


Generalmente soy algo escéptico sobre lo que el gobierno puede o no hacer para que la economía crezca, pero resulta al menos interesante que los meses dónde se revirtió una tendencia histórica fueron justamente los meses de cambio de administración.

Los datos son claros: a pesar de que nuestros vecinos despegan, algo sucede en México que nos mantiene en una perpetua parálisis.
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Fuentes:
INEGI, Fred Fed, Estudios Económicos BBVA.

martes, 4 de febrero de 2014

La Desigualdad y el Debate Migratorio

Incontables son las ocasiones en las que políticos de toda inclinación ideológica han postulado acabar con la desigualdad. De hecho, estaría dispuesto a apostar que ningún país en América Latina ha resistido la tentación de elaborar al menos una política pública con el fin de "acortar las brechas" entre ricos y pobres.

La desigualdad hoy en día es un tema visto y discutido en los términos de justicia, derechos y garantías.

Los principales creyentes en el virus de la desigualdad tienden a ser los de inclinación de izquierda, que asumen que sin la ayuda del estado como saqueador legal de los ricos, los pobres no tienen oportunidad de avanzar. Los de derecha, por contrario, asumen que los que se encuentran al final de la distribución de ingreso simplemente no han sido suficientemente trabajadores.

Ahora bien, hay dos maneras de acabar con la desigualdad: haciendo más ricos a los pobres o más pobres a los ricos. La izquierda por lo general intenta con la segunda, prometiendo que la menor riqueza de unos compensará la nueva prosperidad alcanzada por los demás. El problema es que el mecanismo de transmisión, ya sea por ineptitud, corrupción o por la simple complejidad del problema siempre termina fallando, llevando a los desastres económicos que hoy conocemos como Argentina y Venezuela.

La derecha generalmente intenta hacer más rico al pobre, premiando al capital (que se asumen es generado por trabajo honrado). Esto sin embargo, puede también fallar de manera dramática si se ignoran fallas de mercado que impiden que el trabajo duro y honrado se traduzca en capital. Entonces esas fallas estarían solamente reforzando la desigualdad.

Sin embargo, existen dos problemas con los paradigmas de ambos espectros políticos: asumen que el estado logrará hacer algo (cosa que la experiencia puede refutar fácilmente) y toman por hecho que a mayor desigualdad, peores condiciones, sin considerar las causas detrás de tal.

Como argumentan en esta entrada de Rand, es muy diferente si un país tiene mucha desigualdad por diferencias en hábitos de trabajo, emprendedurismo, innovación o productividad a si lo tiene por nepotismo, corrupción, fraudes o faltas de oportunidad.

En el primer caso, la desigualdad no es mala, pues es el resultado de diferentes valoraciones que las personas le dan al trabajo. En un lugar así, todos logran un nivel similar de felicidad pues los "flojos" intercambian dinero por ocio porque esto los hace más feliz. Este tipo de desigualdad "buena" también tiene el poderosísimo incentivo de hacer que cada nueva generación trate de innovar para alcanzar a los altos niveles de ingreso. El trabajo y la eficiencia se premian.

Por contrario, en el caso de una desigualdad "mala", los incentivos sin duda terminan por inclinarse hacía el lado del saqueo y el robo de los que más tienen, (ya sea legal o ilegalmente).

En el State of The Union (discurso que da el Presidente de E.U. cada año), Obama habló de la creciente desigualdad, obligando a sus oponentes a alegar que la desigualdad que existe en el país es "buena" en el sentido descrito anteriormente.

Pero bien valdría la pena observar detalladamente a un segmento de la población estadounidense donde eso no es cierto: los indocumentados. La brecha en ingreso entre un americano de etnia blanca y un inmigrante no se debe a talento, esfuerzo o inteligencia, sino a barreras legales casi imposibles de vencer. Mientras uno puede acceder a créditos para estudiar una carrera o poner un negocio, el otro gasta algunas veces hasta los ahorros de su vida para evitar ser deportado.

Lo curioso en este caso es que quienes mejor dicen entender los beneficios de una desigualdad basada en las oportunidades parejas, son los principales creyentes en un sistema legal que crea barreras para millones de personas honradas y trabajadoras.

Convertir la "mala" desigualdad a la que están sometidos los indocumentados en Estados Unidos en una "buena" debería ser el tema fundamental del debate migratorio, abriendo la puerta a una amnistía casi total.

Que millones de personas tengan la genuina oportunidad de progresar en base a su esfuerzo e inteligencia tendría impactos económicos enormes para ese país. Solamente faltan convencerse ellos mismos.
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Wolf, Godges (2012). Rand. Link.
Opinión.

martes, 28 de enero de 2014

Book review: The Blue Sweater

Hace tiempo termine el bestseller "The Blue Sweater" por Jacqueline Novogratz y siempre quise hacer una pequeña critica/comentario sobre tal. 

Para comenzar, lo bueno. El libro se lee más como anecdótico, contando en primera persona algunas historias de la protagonista en su viaje por salvar al mundo. Me gusto especialmente las barreras que describe entre ella (estadounidense blanca) y las personas a las que quería ayudar en África. Creo que en pocas ocasiones se habla de lo difícil que es llegar a dictar soluciones, aun y cuando (que rara vez lo es) están probadas de tener buenos resultados.

Kudos también a las imagenes que pinta de los lugares a los que fue y de la refrescante perspectiva sobre el conflict en Ruanda. 

Pero más que un libro sobre políticas públicas, es una historia bonita, hasta en ocasiones egocentrica y generalmente escrita para ese cluster tan bien catalogado en la serie "Community" del estadounidense "revolucionario" pero totalmente ingenuo. Trata de inspirarme, pero me lleva como consecuencia a tratar de esquivar los clichés para encontrar algo de sustancia. 

Los datos son casi inexistentes y se reemplazan por una serie de dogmas que hablan mal de la supuesta "experta" en filántropia. 

Quizá es un libro de otra época: habla amores de Grameen Bank y del microcredito y condena, aunque muy ligeramente, a quienes no concuerdan con su visión, actitud que hoy en día conocemos como equívocada.

Y lo peor: termina hablando de como la versátil protagonista vivio 9/11, como si el mundo rodeara alrededor de lo que sucede en "América". 

En corto, ¿Recomendaría el libro? Depende para qué. Si tu intención es aprender sobre nuevos, probados y aplicables métodos para ayudar a otros, te diría que te conviene más otro libro (Easterly, of course pero también Duflo o incluso Moyo). Sin embargo, si quieres entretenerte, esto es perfecto: puedes leerlo muy rápido (porque asume que jamás hemos leído algo técnico) y está lleno de historias interesantes y conmovedoras (si te gustan además en el extremo inspiracional, te deleitaras). 

sábado, 11 de enero de 2014

El Privilegio de Endeudar

Una parte de esta entrada se publicó el viernes 10 de Enero en Reporte Indigo (link). 
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Justo debajo de nuestras narices, mientras debatimos y nos desgastamos por las reformas energéticas y fiscales, están abriendo la caja de pandora 32 mexicanos que parece importarles poco lo que sucederá con el futuro económico del país.

Son nuestros elegantes gobernadores, que cada día que pasa aprenden nuevos trucos políticos para gozar de más privilegios y menos responsabilidades.

Ya sea persuadiendo, escondiendo o mintiendo, salvo contadas excepciones, la mayoría han logrado endeudar a las próximas generaciones de sus compatriotas a cambio de una nómina más gruesa y en muchos casos, una lujosa vida personal.

Entre el 2008 y 2011, la deuda de los estados creció a una tasa real de 67.9 por ciento, de acuerdo con un análisis de la Auditoría Superior de la Federación en el 2012. En cambio, durante el mismo periodo, las remuneraciones reales promedio de los mexicanos comunes y corrientes han incrementado tan solo 3.95 por ciento.

Y todos los partidos son culpables, evidencia de que se trata de un problema de incentivos, más que de ideología política.

El “austero” PRD de Lopez Obrador incrementó en 51% la deuda del gobierno del distrito federal desde el principio al fin de su mandato. En Sinaloa, el “conservador” PAN emitió 40% más deuda en el segundo año de la administración de Mario Lopez Valdez, y ni se hable del “pragmático” PRI, que logró sorprender a un país entero con una deuda escondida en Coahuila.

Este último partido también cuenta entre sus filas al gobernador de Veracruz, estado en dónde hace apenas 5 años los pasivos eran 4 veces menores a los actuales.

Pero además de gastadores, los 32 tlatoanis modernos destellan por su falta de transparencia y vergüenza.

El caso más reciente es el de Rodrigo Medina, gobernador por el PRI en Nuevo León, que vetó una ligerísima ley de transparencia y deuda pública propuesta por los partidos de oposición en el Congreso local. Congreso que, vale la pena recalcar, dejó de ser Priista en las elecciones pasadas en gran parte por los hábitos de gasto y la negligencia del gobernador en temas prioritarios como la seguridad.

Entre otras cosas, el mandatario estatal se niega a “informar sobre el destino, plazo y tasas de los préstamos a contraer'”, dar a conocer “las cuentas tanto del estado, los organismos descentralizados y la deuda con proveedores'” y limitarse a un tope de deuda sustancialmente por encima del reportado hace apenas unos meses.

Es decir, además de poder adquirir deuda a nuestro nombre, este servidor público se niega a decirnos para que piensa usarla, cuanto nos costara y ni siquiera cuanto exactamente debemos.

¿Qué hemos recibido a cambio, quienes pagaremos esa deuda?

Para empezar, un aparato burocrático más grande. En promedio, casi 7 de cada 10 pesos que gastan los gobiernos estatales van a pararse a cuenta corriente, es decir nominas y beneficios personales.

Lo que significa que ahora los ciudadanos, hasta quienes cuidamos nuestro dinero responsablemente, no solo 'donamos' hasta un tercio de nuestro salario a mantener a servidores públicos, incluyendo sus viáticos y comidas en restaurantes, sino que además estamos endeudados por muchos más años de los que dura una administración.

Desde luego el clan de gobernadores argumentará que los resultados, y no el destino del gasto, es lo
importante. Pero en ese aspecto, también dejan mucho que desear.

Regresando al ejemplo de Nuevo León: desde el 2005 hasta el tercer trimestre del año pasado, tiempo en el cual la deuda pública conocida se multiplicó por más de 4, la cantidad de personas que no contaban con ingreso laboral suficiente para adquirir una canasta básico incrementó en 25 por ciento, de acuerdo con datos del CONEVAL.

Uno no necesariamente causa al otro, pero si la excusa para el alto endeudamiento es reducir la pobreza, debimos de haberle cerrado al gobierno sus fuentes de endeudamiento hace muchos años.

En lugar de ello, los ciudadanos de Nuevo León son testigos de que su dinero fue a financiar obras multimillonarias que no necesitaban, como una torre administrativa, un canal artificial meramente recreativo y un Foro de Cultura que dejó mucho que desear.

El escándalo, es doble: nuestros gobiernos estatales no solamente gastan ineficientemente nuestro dinero sino que además nos obligan a pagar cada vez bajo peores condiciones pasivos que ni queremos.

Pero de mucho podemos culpar a los gobernadores menos de falta de perseverancia. Ni el crimen organizado, los grupos de autodefensa, crisis económicas mundiales, maestros en huelga o el creciente descontento social hacia ellos han logrado quitarles su mayor motivo de orgullo: el privilegio de endeudar a su gusto a millones.